Actualidad

Marcelino Agís Villaverde

La lectura creyente de la realidad actual de mons. Julián Barrio

En el año 2007 apareció el libro de Mons. Julián Barrio: Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (ITC, Santiago). Por desarrollar una temática relacionada con el pensamiento actual, analicé esta obra con sumo interés e incluso tuve oportunidad de presentarla, junto con el profesor Manuel Regueiro Tenreiro, catedrático también de Filosofía, en una sesión académica del Instituto Teológico Compostelano. Comparto a continuación algunas de las reflexiones realizadas en aquella ocasión, a modo de homenaje a don Julián al cumplir 25 años al frente de la diócesis de Santiago de Compostela.

PEREGRINANDO

La metáfora del camino es una de la más usadas por la religión cristiana y también, en términos generales, por el pensamiento occidental. No es extraño si pensamos que, al fin y al cabo, la vida del hombre no es más que el itinerario que transcurre entre el nacimiento y la muerte. Filósofos de todos los tiempos han reflexionado sobre este hecho, indisolublemente unido a la propia condición humana.

En el caso que nos ocupa, es preciso matizar que no se trata de un caminar filosófico a partir de la mera razón sino de un peregrinaje intelectual iluminado por la fe. En un libro anterior, don Julián Barrio nos había indicado cómo Peregrinar en espíritu y en verdad, ofreciéndonos un conjunto de escritos jacobeos que veían la luz coincidiendo con el Año Santo del año 2004. Estamos en Santiago de Compostela, la meta de un Camino de Peregrinación que termina en la tumba del Apóstol Santiago; el Camino de peregrinación que, tanto por su historia como por su vigencia, me atrevería a calificar como el más importante de toda la cristiandad, aunque algunos quieran hacer de él únicamente un itinerario cultural, turístico o para el ocio.

Es de agradecer que, a su tiempo, nuestro arzobispo haya situado las cosas en su sitio, y no sólo a través de sus actividades y escritos pastorales sino también invitándonos a unas peregrinaciones intelectuales que conforman con esta última entrega una trilogía de títulos:

  • Peregrinos por gracia
  • Peregrinar en espíritu y en verdad
  • Peregrinando en esperanza

Con este libro, Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual abandona el infinitivo “Peregrinar” del libro anterior  para poder sumergirse en el presente, en la realidad actual desde la óptica del creyente. De acuerdo con dicha perspectiva, no hay más remedio que recurrir al gerundio. Solo peregrinando, comprendiendo al hombre que pasa a nuestro lado, al inmigrante, al desfavorecido, al pobre, al que pertenece a otra cultura, podemos compartir los avatares del camino y ayudar a un homo viator extraviado o necesitado de un sentido trascendente.

LA REALIDAD ACTUAL

En el siglo pasado las filosofías existencialistas, en sus múltiples modalidades y formulaciones, abandonaron el fortín de los grandes principios filosóficos y metodológicos para instalarse en los barrios marginales, donde habitaba el hombre concreto, el hombre de carne y hueso, que sufre y muere, que se angustia porque su ser está indisolublemente unido a la temporalidad. En aquel tiempo, el hombre, muy zarandeando ya por tantos siglos de progresiva secularización, soñaba con tener futuro. O quizás sería más exacto decir que el futuro era el hombre, abandonado a su suerte tras haber perdido a Dios. Un deicidio con severas consecuencias que muy pronto iban a manifestarse. El pavor a que la tierra se convirtiese en un lugar inhóspito para el hombre le llevó a comenzar la inmensa tarea encomendada por la transformación de la naturaleza, posponiendo para más adelante el establecimiento de una escala de valores que llenase el vacío de la moral cristiana. Las prisas le hicieron desechar soluciones transitorias del tipo de la moral provisional cartesiana y no apelar ni seguir las costumbres ni cualquier otro subterfugio para discernir el bien y el mal. Pero el hombre no es Dios y las divinas vestimentas le resultaron tan grandes que de su holgura nació la mayor crisis de identidad y la actual desorientación del hombre. Porque como nos dice el autor: “el hombre no puede vivir sin fe”, fe de la criatura en el creador, fe en el mundo que ha salido de sus manos y ha compartido con nosotros, fe en el otro, en nuestros semejantes, en nuestro prójimo, fe en la vida y en una cultura de la vida que repudie tanta muerte y tanta cultura de la muerte.

LA LECTURA CREYENTE

¿Qué ofrece la fe al hombre de hoy y cuál es la tarea de la Iglesia en el mundo Contemporáneo?  “La Iglesia –escribe nuestro arzobispo- no puede apartarse del mundo, huir de él mediante una restauración anacrónica y llevar una existencia religiosa o cultural especial; se le pide más bien la vuelta amorosa, esperanzada y creyente hacia el mundo; … se espera, pues, el compromiso de la Iglesia en pro de los hombres, la voluntad de solidaridad universal, la disposición de colaborar para que el mundo sea un mundo humano, cada vez más humano, donde reinen la justicia y la paz…”. Se puede decir más alto, pero no más claro. La Iglesia es, desde luego, perfectible, está formada por hombres y  está sujeta a críticas. Ahora bien, “Las posibles deficiencias en los que formamos la Iglesia –nos dice don Julián- no se corrigen cerrando los ojos y los oídos y abandonando la Iglesia, sino señalándolas desde la responsabilidad y el amor” (p. 79)

Los tiempos han cambiado, ciertamente, y ello debe llevarnos no a creer en ninguna otra cosa sino, en todo caso, a creer de forma distinta, cumpliendo la voluntad del Padre, como Jesús. Ese “creer de otra manera –nos dice el autor- comprenderá la transmisión de la fe como buena nueva, como evangelio, como invitación, como dadora de sentido y, en consecuencia, como respuesta a las cuestiones de hoy” (p.108). Nuestro testimonio, hoy más que nunca, debe llegar a todos los rincones. Debemos hacernos oír como cristianos, cada uno en su ambiente, desde las responsabilidades y el lugar que ocupa en la sociedad. Vivimos en un mundo complejo y creer en Dios no está de moda. Por ello, nuestro testimonio es más importante si cabe. Primero, por fidelidad con nuestra propia esencia de Hijos de Dios, pero también porque comprobaremos que ni estamos solos ni somos tan pocos como en ocasiones los medios de incomunicación quieren hacernos creer.

Un testimonio que se concreta en el compromiso del cristiano con la justicia, con la dignidad de la persona y sus valores, con la lucha contra la opresión cualquiera que sea su forma, con la defensa de los pobres, siendo la voz de los que no tienen voz. En esto debe consistir fundamentalmente nuestro testimonio. No lo digo yo: lo dice el autor cuando ya el libro va llegando a sus postrimerías y don Julián aborda en la IV y última parte las inquietudes y respuestas de la Iglesia antes temas tan acuciantes como la persona y su dignidad, la vida como derecho fundamental, la familia, el derecho de los padres a la formación de sus hijos según sus propias convicciones morales, la formación de los laicos o la acción caritativa de la Iglesia con los inmigrantes y los desfavorecidos.

PEREGRINANDO EN ESPERANZA.

Cualquier estudioso de la sociedad actual percibe las contradicciones que acucian al hombre contemporáneo y las dificultades para encontrar sentido a su vida. En las tres primeras partes de su Lectura creyente de la realidad actual, Mons, Julián Barrio se hace eco de esta dificultad, ciertamente descorazonadora para la persona. Al pasar revista a “Las propuestas culturales en nuestra sociedad”, “Las actitudes ante la religión católica hoy” y “Los aspectos sociales del momento actual”. Es necesario avanzar, seguir adelante en la lectura, hasta llegar a la visión esperanzadora concentrada en las “Inquietudes y respuestas de la Iglesia” (cuarta y última parte).

Muchas son, en efecto, las contradicciones de nuestro mundo, las congojas y extravíos del hombre, las dificultades de todo tipo que se ciernen sobre nosotros. Y, sin embargo, una cosa se revela como cierta: “La salvación se realiza en el interior de nuestro mundo humano”. Por ello, no caben actitudes cobardes, resignadas, no hay lugar tampoco para la claudicación. Frente a un mundo secularizado debemos dar testimonio de nuestra fe. Y hacerlo con generosidad y amablemente: recuerden aquello de que se cazan más moscas con miel que con hiel. El mejor método, el recomendado por el autor en la conclusión de la obra, es recurrir a la verdad como fuente de libertad. Sólo la verdad nos hará libres. Y sólo peregrinando en esperanza hallaremos el camino de la verdad. La única condición para culminar con éxito este camino es la de no perder la esperanza, o por decirlo con la exhortación que podemos leer en una de las epístolas de Pedro: “estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones”.

Marcelino Agís Villaverde
Catedrático Filosofía, USC

 

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